Sagrado Corazón de Jesús

Novena al Sagrado Corazón de Jesús

Nueve días, cada uno con un pasaje del evangelio, una meditación breve y una oración. Puedes rezarla cuando quieras: no hace falta esperar a ninguna fecha. Si marcas los días conforme los completas, el sitio recuerda por dónde ibas cuando vuelvas.

Una novena son nueve días seguidos de oración por una misma intención. La costumbre es antiquísima y la Iglesia la ha recomendado siempre como una forma de constancia: no porque nueve sea un número mágico, sino porque pedir durante nueve días obliga a volver, y volver es justamente lo que cuesta.

Si se te olvida un día, no empieces de cero. Retómala donde la dejaste. Lo que se busca no es un expediente sin faltas.

Tu intención

Escribe por quién o por qué rezas estos nueve días. Se guarda solo en este dispositivo: no se envía a ningún sitio y nadie más puede leerlo.

Día 1 Venid a mí los que estáis cansados

«Venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis el reposo para vuestras almas.»
Mateo 11, 28-30 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

La novena empieza donde probablemente estás: cansado. No hace falta llegar a la oración descansado, ni resuelto, ni con las cosas en orden. La invitación se dirige exactamente a quien anda agobiado.

Conviene notar lo que Jesús no dice. No dice «quitaos la carga»; dice «venid a mí». No promete que desaparezca el peso, sino que dejará de llevarse a solas. Es una diferencia pequeña en el texto y enorme en la vida.

Hoy no hace falta pedir nada todavía. Basta con presentarse y decir con qué se llega.

Oración del día 1

Señor Jesús, vengo como estoy, con lo que traigo y sin arreglarlo antes.

Tú conoces el peso que llevo estos días y no te asusta.

Enséñame tu mansedumbre, que no es debilidad sino descanso.

Quédate conmigo en estos nueve días y sostén lo que yo no puedo sostener.

Amén.

Para hoy: Nombrar hoy, en voz alta o por escrito, la carga concreta que traigo.

Ir al día 2

Día 2 El costado abierto

«Sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.»
Juan 19, 34 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

Toda esta devoción nace de este versículo. No de una aparición ni de una promesa: de una lanzada, narrada por un evangelista con la sobriedad de quien cuenta lo que vio.

La tradición cristiana ha leído desde muy antiguo esa herida como la puerta abierta del amor de Dios: un corazón que ya no puede cerrarse porque está atravesado. De ahí que la imagen del Sagrado Corazón muestre siempre una llaga, y no un corazón intacto.

Es un detalle que ordena bien la devoción entera. Lo que se venera no es un sentimiento, sino una herida concreta de un hombre concreto, y lo que salió de ella.

Oración del día 2

Señor Jesús, tu costado quedó abierto y así ha quedado para siempre.

No escondiste la herida ni la convertiste en reproche.

Enséñame a no cerrarme cuando me hieren.

Que aprenda de ti que amar es quedarse expuesto.

Amén.

Para hoy: Mirar hoy una imagen del Sagrado Corazón y fijarse en la llaga antes que en nada más.

Ir al día 3

Día 3 Perseverad en mi amor

«Al modo que mi Padre me amó, así os he amado yo. Perseverad en mi amor.»
Juan 15, 9 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

Perseverar es una palabra poco lucida. No dice «sentid» mi amor, ni «entended» mi amor: dice permaneced dentro, quedaos ahí, también los días en que no se note.

La mayor parte de una vida de fe transcurre en esos días en que no se nota. La novena, que dura nueve, sirve justamente para eso: para descubrir que la constancia pequeña sostiene mejor que el entusiasmo grande.

Si hoy la oración sale seca, la oración de hoy vale igual. Quizá valga más.

Oración del día 3

Señor Jesús, quiero permanecer donde me has puesto.

No me des solo el fervor de los comienzos, dame la fidelidad de los días largos.

Cuando no sienta nada, que siga viniendo.

Cuando lo sienta todo, que no me lo crea demasiado.

Amén.

Para hoy: Rezar hoy a la misma hora que ayer, aunque sea un minuto.

Ir al día 4

Día 4 La oveja que se buscó

«La pone sobre sus hombros lleno de gozo; y llegando a casa, convida a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.»
Lucas 15, 5-6 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

En la parábola, el pastor no riñe a la oveja. La carga. Y al llegar convoca a los vecinos, no para contar el susto, sino para celebrar.

Cuesta creer que Dios se alegre de uno. Es más fácil imaginarle contando faltas, porque así funcionamos nosotros. El evangelio insiste en lo contrario con una terquedad que debería desarmarnos.

Hoy es buen día para dejar de ser el fiscal de uno mismo.

Oración del día 4

Señor Jesús, si me he alejado, ven a buscarme sin que yo tenga que volver solo.

Si estoy cerca, dame la alegría de saberlo.

Líbrame de creer que tengo que merecer que me quieras.

Y hazme capaz de esa misma alegría con los que se han alejado de mí.

Amén.

Para hoy: Perdonarme hoy algo concreto que llevo tiempo reprochándome.

Ir al día 5

Día 5 Los amó hasta el fin

«Como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo, los amó hasta el fin.»
Juan 13, 1 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

Este versículo abre el relato de la última cena, y lo abre sabiendo cómo termina. Jesús conoce lo que viene, y con ese conocimiento se pone a lavar los pies.

«Hasta el fin» tiene doble filo en el original: hasta el último momento, y hasta el extremo. Las dos lecturas se sostienen y las dos incomodan, porque ninguna deja espacio a un amor prudente.

La pregunta de hoy no es cuánto nos ama Dios, sino qué haríamos si de verdad lo creyéramos.

Oración del día 5

Señor Jesús, tú amaste sabiendo lo que te iba a costar.

Yo suelo medir primero y querer después.

Dame algo de esa manera tuya de querer sin calcular.

Empezando por quien tengo hoy más cerca y me cuesta más.

Amén.

Para hoy: Hacer hoy por alguien algo que no se vaya a saber.

Ir al día 6

Día 6 Si alguno tiene sed

«Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. Del seno de aquel que cree en mí, manarán, como dice la Escritura, ríos de agua viva.»
Juan 7, 37-38 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

Jesús no promete quitar la sed: promete convertir al sediento en manantial. Es una imagen desconcertante y muy exacta. Quien ha sido consolado consuela distinto.

Hay una tentación devota de buscar en la oración solo alivio propio. El evangelio la corrige sin negarla: ven y bebe, sí, y de ti brotará agua para otros.

Puede que la sed que traes a esta novena sea, precisamente, el sitio por donde vaya a salir el agua.

Oración del día 6

Señor Jesús, tengo sed y no siempre sé de qué.

No me des solo consuelo: hazme capaz de consolar.

Que lo que he pasado no se me vuelva dureza sino compasión.

Y que no me guarde para mí lo poco que tenga.

Amén.

Para hoy: Preguntar hoy a alguien cómo está, y quedarme a escuchar la respuesta entera.

Ir al día 7

Día 7 La paz os dejo

«La paz os dejo, la paz mía os doy: no os la doy yo, como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde.»
Juan 14, 27 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

Jesús distingue dos paces. La del mundo consiste en que no pase nada. La suya se sostiene mientras pasa todo; la dice, de hecho, la víspera de su pasión.

Por eso «no se turbe vuestro corazón» no es un consejo de calma. Es la afirmación de que hay un suelo que no se hunde aunque tiemble lo demás.

Quien busca la primera paz vive pendiente de que nada se mueva. Quien recibe la segunda puede permitirse que se mueva.

Oración del día 7

Señor Jesús, dame tu paz y no la que yo me fabrico controlándolo todo.

Sosiega en mí lo que llevo días rumiando.

Y si lo que temo llega a ocurrir, que me encuentre contigo.

Amén.

Para hoy: Dejar hoy de dar vueltas a una preocupación durante el rato de oración.

Ir al día 8

Día 8 Haced esto en memoria mía

«Esto es mi cuerpo, que por vosotros es entregado: haced esto en conmemoración mía. Este cáliz es el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama.»
Lucas 22, 19-20 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

La devoción al Corazón de Jesús desemboca siempre en la Eucaristía. No es casual: el corazón que se venera es el mismo que se entrega en la comunión, y todo lo demás —imágenes, novenas, primeros viernes— apunta hacia ahí.

De aquí nace también la práctica de los nueve primeros viernes, que la tradición devocional recomienda y que esta novena no puede sustituir. Una novena prepara; la Eucaristía es el encuentro.

Si has estado lejos de los sacramentos, hoy es el día de considerar volver. Sin dramatismo y sin prisa, pero considerarlo.

Oración del día 8

Señor Jesús, te quedaste de la manera más humilde que podías elegir.

Dame hambre de ti y no solo devoción a tu imagen.

Acércame a la comunión y a la confesión sin miedo.

Que lo que rezo se convierta en algo que hago.

Amén.

Para hoy: Mirar hoy los horarios de misa y de confesión de la parroquia más cercana.

Ir al día 9

Día 9 Como yo os he amado

«El precepto mío es, que os améis unos a otros, como yo os he amado a vosotros.»
Juan 15, 12 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

La novena termina donde tenía que terminar: mandando salir. Nueve días mirando el Corazón de Cristo no sirven para quedarse mirándolo.

Repasa la intención que escribiste el primer día. Puede que se haya cumplido, puede que no, puede que haya cambiado de forma. Las tres cosas son respuestas.

Y queda lo importante: lo que hoy termina no es la oración, sino la novena. Mañana no hay día 10, pero hay mañana.

Oración del día 9

Señor Jesús, gracias por estos nueve días.

Por lo que he entendido y por lo que no.

Te dejo la intención que traje, sabiendo que la cuidas mejor que yo.

Haz mi corazón semejante al tuyo, y que se note en cómo trato a los míos.

Amén.

Para hoy: Elegir una sola cosa de estos nueve días para seguir haciendo a partir de mañana.

Cuándo se reza esta novena

En cualquier momento del año. Muchas personas la rezan en los nueve días previos a la solemnidad del Sagrado Corazón, que cae en junio, pero no hay ninguna obligación de hacerlo entonces. También es frecuente rezarla ante una necesidad concreta: una enfermedad, una decisión, una reconciliación pendiente.

Qué hacer al terminar

Terminar una novena deja una pregunta incómoda: ¿y ahora qué? Tres caminos que continúan de forma natural lo que se ha empezado:

Fuentes

Fuentes verificadas el 12 de agosto de 2026.