Oración de reparación al Sagrado Corazón
La reparación es la parte de esta devoción que peor fama tiene, y casi siempre por culpa de cómo se explica. Bien entendida no tiene nada de sombrío: es lo que hace cualquiera que quiere a alguien y ve que lo tratan mal.
Lo que la reparación no es
Tres malentendidos que conviene quitar de en medio antes de rezar nada:
- No es pagar una deuda. La redención está hecha y no le falta nada. Nadie completa con sus oraciones lo que Cristo dejó a medias, porque no dejó nada a medias.
- No es consolar a un Dios triste. Dios no necesita nuestro consuelo como lo necesitaría una persona herida. El lenguaje devocional usa esa imagen porque es humana y comprensible, no porque describa una carencia en Dios.
- No es acumular sufrimiento. La reparación no consiste en pasarlo mal a propósito. Una piedad que produce angustia no es reparadora: es solo angustia.
Lo que sí es
Reparar es responder con amor donde ha habido desprecio. Es la reacción normal de quien quiere a alguien: cuando ves que a la persona que quieres la ignoran o la insultan, te acercas más. No para arreglarle nada, sino porque el afecto funciona así.
Trasladado a la fe: hay indiferencia, hay desprecio, hay quien recibe la Eucaristía sin reparar en lo que recibe. La reparación consiste en ponerse ahí y decir «yo sí». Y en reconocer, sin teatro, la parte propia en esa indiferencia.
Pío XI dedicó a esto una encíclica entera, Miserentissimus Redemptor (1928), donde explica que reparar es unirse a la ofrenda de Cristo, no añadirle algo que le falte.
Oración de reparación
Corazón de Jesús, vengo a estar contigo un rato, sin pedirte nada.
Sé que hay mucha indiferencia a tu alrededor, y sé que yo también he sido indiferente. No vengo a señalar a nadie: vengo a ponerme aquí.
Por las veces que te he tratado como algo secundario. Por los días en que supe qué debía hacer y elegí lo cómodo. Por lo que he callado cuando hablar costaba.
No quiero pagarte nada, porque no puedo. Quiero quererte mejor, que es lo único que me pides.
Recibe este rato como lo que es: poco, y todo lo que tengo hoy. Amén.
Cómo se vive fuera de la oración
La reparación que se queda en un texto rezado se agota enseguida. Las formas concretas en que la tradición la ha vivido son sencillas:
- La comunión de los nueve primeros viernes, con esa intención.
- Un rato de adoración ante el Santísimo, sin más agenda que estar.
- Volver a la confesión, que es la forma más directa de reparar lo propio.
- Un acto de caridad hecho a propósito por alguien que no lo vaya a saber.
Ese último punto no es un añadido piadoso. Si la reparación no acaba cambiando cómo tratas a la gente, se ha quedado a medio camino.
Fuentes
- Pío XI, carta encíclica Miserentissimus Redemptor, 8 de mayo de 1928.
- Pío XII, carta encíclica Haurietis Aquas, 1956.
- La oración de esta página es original de este portal.
Fuentes verificadas el 12 de agosto de 2026.