Sagrado Corazón de Jesús

Oración a Jesús crucificado

Rezar delante de un crucifijo es una de las formas más antiguas y más sencillas de la oración cristiana. No hace falta fórmula: basta mirar y hablar. Aquí está la oración tradicional que la Iglesia ha usado durante siglos, y otra en lenguaje de hoy.

« Y otra Escritura dice también: Mirarán al que traspasaron. »
Juan 19, 37 · La Sagrada Biblia, trad. Félix Torres Amat, París 1836

La oración tradicional

Se conoce por sus primeras palabras y es probablemente la oración ante el crucifijo más difundida en el mundo hispano. La Iglesia la ha vinculado tradicionalmente a la meditación de la pasión, especialmente en Cuaresma y los viernes.

Mírame, oh mi amado y buen Jesús

Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia.

Te ruego con el mayor fervor imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte.

Mientras yo, con todo el amor y con toda la compasión de que soy capaz, voy considerando tus cinco llagas, teniendo presente aquello que de ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos.»

Nota sobre esta oración: circula asociada a una indulgencia, y esa asociación se repite en muchas páginas sin más detalle. Las condiciones y el alcance de las indulgencias los fija el Enchiridion Indulgentiarum, y han cambiado a lo largo del tiempo. Preferimos no afirmar aquí nada concreto sobre indulgencias que no podamos citar con exactitud: si te importa ese aspecto, consúltalo con tu párroco.

Una oración en lenguaje de hoy

Señor Jesús, aquí estoy delante de tu cruz, que es donde mejor se entiende quién eres.

No me consuela que hayas sufrido. Me consuela que sepas lo que es, y que no te apartaras.

Cuando me toque a mí algo que no puedo quitar de en medio, acuérdame de esto: que tú estuviste ahí primero y que no fue en balde.

Y que lo que hoy me parece el final, en tu caso duró tres días.

Amén.

Cómo rezar ante el crucifijo

No hay método obligatorio. Si ayuda tener uno, este es el más clásico:

  1. Mirar, sin decir nada, un rato más largo de lo que resulta cómodo.
  2. Recorrer las cinco llagas: las manos, los pies, el costado.
  3. Decir lo propio: lo que se agradece, lo que pesa, lo que se pide.
  4. Callarse otra vez antes de irse.

El Viernes Santo

En la liturgia del Viernes Santo hay un momento en que se descubre la cruz y los fieles pasan de uno en uno a besarla o tocarla. Es la forma litúrgica de esta misma oración, y merece vivirse al menos una vez con atención.

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Fuentes

Fuentes verificadas el 12 de agosto de 2026.